Playa los Toros en Manilva, Málaga

La playa los Toros en Manilva, desde la provincia de Málaga, Costa del Sol, Andalucía, España.


Playa de arena, llana y extensa con agua y cielo azul
Playa los Toros en Manilva, Málaga

Es una playa semiurbana sin paseo marítimo. Tiene 1300 metros de longitud con unos 30 de ancho medio y un grado de ocupación bajo.

Dispone de algunas instalaciones y servicios de playa como: Aseos, duchas, chiringuito, sombrillas y hamacas o servicios de limpieza.

Su arena esta compuesta por graba mezclada con arena gruesa. Sus aguas son limpias y cristalinas de buena calidad con oleaje moderado por lo que es apta para el baño recreativo.

La playa los Toros está situada entre la Playa de Las Arenas y la Playa de La Duquesa.

El nombre de la playa "Los Toros" se debe por su cercanía a una antigua cañada real por la que solía transitar el ganado bovino.

A su espalda tiene un tramo de vegetación típica mediterránea en la que predomina el lirio de mar.

La historia oficial dice que la Playa de los Toros en Manilva se llama así porque era el lugar por donde el ganado bajaba desde la Cañada Real hasta la costa. Pero la realidad de esa arena oscura y sus formaciones rocosas esconde un secreto mucho más antiguo, un relato que los pescadores más viejos solo susurran cuando el viento de Levante sopla con fuerza.

A finales del otoño de 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, un submarino de diseño desconocido y sin banderas encalló deliberadamente en la pequeña cala que hoy precede al acantilado de la playa. No pertenecía a los aliados ni al Eje. Su casco estaba recubierto de unas placas de bronce oscuro que repelían las algas y los percebes, y en su torreta llevaba grabado el relieve de un toro con ojos de azabache.

A bordo viajaba el profesor Alistair Vance, un arqueólogo desertor que había descubierto algo en las ruinas sumergidas del Estrecho: el mecanismo de la marea estática. Según sus cuadernos, los antiguos fenicios no adoraban a los toros por su fuerza terrestre, sino porque creían que ciertas criaturas marinas de proporciones colosales controlaban las corrientes del Mediterráneo con el batir de sus colas, imitando el bramido de los toros bajo el agua.

Vance sabía que quien controlara ese punto de la costa de Manilva, donde las aguas del Atlántico y el Mediterráneo chocan y se desafían, podría hundir cualquier flota bloqueando el Estrecho de Gibraltar con olas kilométricas.



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