La playa La Torrecilla en Nerja, desde la provincia de Málaga, Costa del Sol, Andalucía, España.
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| Playa La Torrecilla |
Es una playa urbana con paseo marítimo. Tiene 300 metros de longitud con unos 30 de ancho medio y un grado de ocupación alto.
Dispone de muchas instalaciones y servicios de playa como: Aseos, duchas, rampas de acceso, vigilancia, sombrillas y hamacas o quiosco.
Su arena es gruesa y oscura de tonos grises agradable al tacto. Sus aguas están limpias y cristalinas de buena calidad con oleaje moderado, por lo que es apta para el baño recreativo.
Toma su nombre de las ruinas de una antigua torre que hay en uno de sus extremos.
Corría el año 1704. Mientras las potencias europeas se despedazaban en la Guerra de Sucesión Española, un pequeño rincón del sur de España permanecía en un silencio sepulcral: la Playa La Torrecilla, en Nerja. Por aquel entonces, la pequeña torre vigía que hoy da nombre a la playa no era una ruina arqueológica, sino el hogar de don Alonso de Sotomayor, un viejo artillero retirado y ciego de un ojo, cuya única misión era otear el horizonte y encender la fogata de alarma si aparecían piratas berberiscos o navíos ingleses.
Alonso compartía la torre con su nieta, Constanza, una joven cuya obsesión no era el mar, sino lo que la marea arrastraba a la orilla. Coleccionaba cristales pulidos por la sal, maderas de barcos naufragados y extrañas piedras calizas de las cercanas cuevas que aún nadie se había atrevido a explorar a fondo.
Una noche de levante brutal, la tierra tembló. No fue un terremoto común; el suelo bajo La Torrecilla vibró con un zumbido agudo, como el cantar de una copa de cristal. Al asomarse a la aspillera, Constanza vio que el mar se había retirado de forma antinatural, dejando al descubierto una fosa profunda en mitad de la arena mojada que la marea nunca antes había mostrado.
Desafiando los gritos de su abuelo, Constanza bajó a la playa con un candil. En el fondo de aquella fosa improvisada por la naturaleza, la luz de su llama se reflejó en algo que no era piedra ni madera: un engranaje de bronce del tamaño de una rueda de molino, encajado perfectamente en la roca madre de la playa. Estaba cubierto de inscripciones en un idioma que mezclaba el fenicio con símbolos astronómicos que jamás había visto en los mapas de su abuelo.
Al tocar el frío metal, el engranaje giró un cuarto de vuelta con un crujido sordo. De inmediato, el agua del mar comenzó a regresar, pero no con violencia, sino formando un remolino perfecto justo encima del mecanismo.
Lo que los habitantes de Nerja siempre creyeron que eran simples cuevas terrestres, era en realidad un complejo sistema hidráulico diseñado milenios atrás por una civilización olvidada.
Aquella misma noche, un navío de guerra británico, aprovechando la oscuridad, intentó desembarcar silenciosamente en La Torrecilla para tomar el pueblo por sorpresa. Decenas de botes se dirigían a la orilla.
La playa La Torrecilla está situada entre la Playa El Chucho y la Playa La Caletilla.
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