Es una de las playas más pequeñas de la localidad con 450 metros de largo y unos 15 metros de ancho medio.
No dispone de paseo marítimo pero si de algunos servicios de playa.
Por su morfología agreste de altos acantilados, ofrece especial protección contra el viento los días de levante por lo que suele ser una playa muy concurrida con un grado de ocupación alto en verano.
Bajo la sombra del Castillo de Santa Catalina, la Playa de la Calita guarda un secreto que los turistas suelen ignorar entre chapuzón y chapuzón. Dicen que, cuando la marea baja lo suficiente, las formaciones rocosas revelan inscripciones fenicias que no pertenecen a este mundo.
Una tarde, un joven pescador encontró una moneda de un metal que no brillaba con el sol, sino con la luz de la luna. Al tocarla, el viento de Levante cesó de golpe y el tiempo pareció detenerse sobre los acantilados de El Puerto. Durante diez minutos, vio barcos de cristal navegando hacia la Bahía de Cádiz, tripulados por sombras que saludaban en silencio.
Cuando la primera ola de la pleamar le mojó los pies, el espejismo se desvaneció, dejando solo el olor a salitre y el eco de una risa antigua. Desde entonces, el pescador vuelve cada día, no a por peces, sino a buscar el rastro de esa ciudad sumergida que solo se muestra a quien sabe mirar entre las rocas.
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