Playa Punta Entinas Sabinar en El Ejido, Almería

La playa Punta Entinas Sabinar en el municipio de El Ejido, en la provincia de Almería, Andalucía, España.

Playa en forma de bahía en un paraje natural con las azules aguas del mar a su frente
Playa Punta Entinas Sabinar


Es una de las seis playas en el término municipal de El Ejido. Tiene una longitud de 6500 metros con unos 80 de ancho medio.

Se trata de una playa virgen enclavada en la reserva natural Punta Entinas Sabinar, ente los municipios de El Ejido y Roquetas de Mar, en el que destacan: Su colonia de posidonia oceánica, la más occidental de Europa, aves acuáticas como los flamencos y sus sistemas de dunas y salinas.

Su arena es oscura con bolos de piedra, el oleaje es normalmente moderado y posee uno preciosos fondos marinos rocosos de aguas cristalinas, con una gran diversidad de fauna marina propiciada por un esplendido bosque de posidonia oceánica, por lo que es una playa genial para bucear, practicar snorkel y otros deportes acuáticos.

No dispone de instalaciones ni servicios de playa al tratarse de una playa virgen, por lo que tendremos que llevar todo lo necesario para pasar nuestro día de playa.

La playa Punta Entinas Sabinar tiene un grado de ocupación bajo en verano.

Bajo el sol de El Ejido, donde el mar se funde con el desierto, la Playa de Punta Entinas-Sabinar aguarda como un secreto guardado por dunas. No es solo arena y sal; es un laberinto de sabinas retorcidas por el viento que parecen susurrar historias de antiguos navegantes. Lucía caminaba descalza, sintiendo el crujir de la arena virgen, lejos del asfalto y las prisas del mundo.

A su izquierda, las charcas teñidas de rosa albergaban flamencos que, en un baile elegante, desafiaban la gravedad. A su derecha, el Mediterráneo se desplegaba en un azul tan profundo que dolía mirarlo, rompiendo en una orilla salpicada de posidonia. Allí, entre faros invisibles y el aroma a matorral mediterráneo, el tiempo se detuvo por completo.

Fue en ese rincón donde lo vio: un rastro de huellas que se perdía en el horizonte dorado. Al seguirlas, no encontró a una persona, sino algo mucho más valioso: la paz absoluta de sentirse parte de un paisaje indómito. En Punta Entinas, el alma no solo descansa, sino que se reencuentra con su estado más puro y salvaje.






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