La playa del Chaparral en Mijas, desde la provincia de Málaga, Costa del Sol, Andalucía, España.
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| Playa del Chaparral |
Es una playa semiurbana sin paseo marítimo. Tiene 1300 metros de longitud con unos 15 de ancho medio y un grado de ocupación medio.
Dispone de muchas instalaciones y servicios de playa como: Aseos, duchas, pasarelas de acceso, vigilancia, sombrillas y hamacas o quiosco.
Su arena es gruesa y oscura con zonas de rocas. Sus aguas son limpias y cristalinas de buena calidad con oleaje moderado, por lo que es apta para el baño recreativo.
A mediados del siglo XIX, El Chaparral no era la playa de fácil acceso que es hoy. Era un tramo de costa salvaje, flanqueado por densos matorrales de alcornoques y pinos (el "chaparral") que morían casi en la orilla, y custodiado por unas rocas oscuras y afiladas que los pescadores locales evitaban a toda costa. Decían que, en las noches de luna nueva, los barcos que pasaban cerca veían una extraña luz parpadeante a ras de agua, como un faro flotante que luego desaparecía sin dejar rastro.
El único que no temía a ese lugar era Mateo, un joven carpintero de ribera de Mijas Pueblo. Mateo bajaba a la playa cada amanecer para recoger maderas a la deriva que el mar arrastraba, maderas pulidas por la sal y el tiempo que él transformaba en guitarras y pequeñas figuras.
Una mañana de otoño, tras una tormenta feroz, Mateo encontró algo que desafiaba toda lógica.
En la zona donde las olas rompen con más fuerza, la marea había bajado tanto que dejó al descubierto una cueva submarina normalmente inaccesible. Allí, sentada sobre una roca húmeda, había una mujer. Su piel tenía el tono de la arena mojada y su cabello, largo y oscuro, parecía flotar a su alrededor como si todavía estuviera bajo el agua.
No estaba varada; estaba trabajando.
Con una destreza increíble, la mujer entrelazaba hilos de una sustancia brillante —una mezcla de algas doradas, conchas trituradas y destellos de fósforo— en un telar hecho de madera de olivo flotante. Mateo, paralizado, observó cómo cada hebra que ella tejía cambiaba el color del agua a su alrededor.
"No temas, carpintero", dijo ella, sin mirarlo, con una voz que sonaba como el murmullo de los guijarros arrastrados por la resaca. "Soy la guardiana de las corrientes del Sur. Lo que coso aquí, el mar lo replica en el horizonte".
Se llamaba Mareia. Le explicó que las corrientes del Estrecho de Gibraltar eran salvajes y caóticas, y que su tarea consistía en tejer un "manto de calma" cada noche para que el mar no devorara los barcos de los hombres. El destello que los pescadores veían desde la distancia no era un faro, sino el reflejo de su telar de plata.
La playa del Chaparral está situada entre la playa de La Butibamba última playa del término municipal de Mijas y la Playa El Castillo primera playa del término municipal de Fuengirola. Esta playa es ideal para practicar submarinismo.
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