La playa de Santa Amalia en Fuengirola, desde la provincia de Málaga, Costa del Sol, Andalucía, España.
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| Playa de Santa Amalia |
Es una playa urbana con paseo marítimo. Tiene 1400 metros de longitud con unos 20 de ancho medio y un grado de ocupación alto.
Dispone de muchas instalaciones y servicios de playa como: Aseos, duchas, pasarelas de acceso, vigilancia, sombrillas y hamacas o chiringuito.
Su arena es fina y oscura agradable al tacto y sus aguas están limpias y cristalinas de buena calidad con oleaje moderado, por lo que es apta para el baño recreativo.
A finales del siglo XVIII, Santa Amalia no era la playa concurrida y vibrante que conocemos hoy; era un paraje salvaje, custodiado por la sombra del castillo. Allí vivía Amalia de Silva, una joven astrónoma e hija de un cartógrafo portugués. Mientras su padre trazaba los mapas de la costa malagueña, Amalia pasaba las noches en la orilla, observando cómo las estrellas se reflejaban en el mar de Alborán.
Una noche de tormenta feroz, el mar se retiró de una manera insólita, dejando al descubierto una estructura de piedra negra que nadie había visto jamás: una aguja concéntrica, de arquitectura desconocida, que emergía brevemente de los fondos marinos antes de ser tragada de nuevo por las olas.
Convencida de que no había sido un espejismo, Amalia dedicó meses a estudiar las mareas de la playa. Descubrió que cada solsticio de verano, cuando la luna llena se alineaba perfectamente con el punto más alto del Castillo de Sohail, el mar se calmaba de forma antinatural en una zona concreta de Santa Amalia.
En la noche del 21 de junio, Amalia se adentró en el agua equipada con un candil de aceite protegido y una brújula de latón. Al sumergirse en la zona de calma, no encontró oscuridad, sino una intensa luminiscencia azul.
Allí, a pocos metros de la orilla, la arena se abría para revelar el techo de la torre sumergida. Al tocar la piedra fría, Amalia no sintió agua, sino una extraña vibración. Una voz, suave como el roce de las conchas marinas, resonó en su mente. Era el Eco de Alborán, una antigua entidad atrapada en la costa desde la época en que los continentes se separaron.
"Guardamos los recuerdos del mundo antes de que el hombre le pusiera nombre al mar. Si la torre se llena de arena, el olvido reinará en la costa."
El Eco le explicó que la torre corría el peligro de quedar sepultada para siempre debido a las corrientes cambiantes. Si eso ocurría, la magia de la costa, la templanza de sus aguas y la guía de las estrellas para los marineros desaparecerían.
La playa de Santa Amalia está situada entre la Playa El Castillo y la Playa Tahití.
Esta es una playa muy recomendada para las familias, con todo tipo de comodidades ideal para el relax y el descanso.

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