Playa de la Ballena en Rota, Cádiz

La playa de la Ballena en Rota, desde la provincia de Cádiz, Costa de la luz, Andalucía, España.


Playa llana de arena con personas con sombrillas y una torre de vigilancia de madera, dunas con vegetación a su espalda y las azules aguas del mar a su frente.
Playa de la Ballena

Se trata de una playa semisalvaje sin paseo marítimo. Tiene unos 2400 metros de longitud con unos 30 de ancho medio y un grado de ocupación alto.

Dispone de muchas instalaciones y servicios de playa con todas las comodidades además de chiringuito.

Su arena es fina y dorada agradable al tacto y sus aguas son limpias de buena calidad con oleaje moderado por lo que es apta para el baño recreativo.

Toma su nombre por una vieja leyenda sobre marineros que divisan a una gran ballena y du poderoso surtidor de agua por esta zona.

Destacan sus senderos que recorren la playa a su espalda y que llevan a los distintos accesos a la misma, por lo que es muy recomendable alquilar una bici para recorrerlos y poder llegar fácilmente a toda la playa.

A mediados del siglo XVIII, Rota era un hervidero de marineros que juraban haber visto una silueta colosal nadando frente a la costa. No soplaba agua, sino un vapor espeso con olor a jazmín y metal oxidado. Los lugareños la llamaban "La Ballena", pero la trataban como a una deidad protectora: mientras ella rondara el golfo, las redes siempre salían llenas.

El 14 de junio de 1755, el cielo de Cádiz se volvió negro en pleno mediodía. El eclipse total de sol desorientó a las aves y encrespó el mar. Fue en ese instante de oscuridad absoluta cuando Goliath emergió, varando pesadamente sobre la fina arena dorada.

Al quedarse el agua sin marea, el pueblo entero bajó a la playa con antorchas, esperando encontrar una tragedia de la naturaleza. Lo que descubrieron los dejó mudos:

La piel: No era de carne y grasa, sino de una aleación desconocida, un bronce marino maleable cubierto de runas talladas que brillaban con luz propia.

El latido: De su interior no salía el sonido de un corazón, sino el tictac acompasado y profundo de un engranaje gigantesco, como el reloj de una catedral sumergida.

Los ojos: Dos esferas de cristal de Murano ahumado que reflejaban las constelaciones, incluso las que no se podían ver desde el hemisferio norte.

Mientras los hombres debatían si hacharla o adorarla, una anciana del pueblo, conocida como la "Niña de los vientos", se acercó al coloso mecánico y posó la mano sobre su lomo templado.

Según las crónicas prohibidas que aún se guardan en el archivo de la villa, la ballena no estaba herida; estaba advirtiendo.

A través de las vibraciones de su armazón de metal, Goliath transmitió una visión a la anciana: las placas tectónicas del Atlántico se estaban retorciendo. El monstruo mecánico no era un ser vivo, sino un antiguo artefacto de una civilización olvidada (quizás la mismísima Atlántida, cuyos pilares, según los mitos, se asentaban cerca de Doñana), diseñado para estabilizar el suelo marino.

"Ha venido a encender el último fuego", gritó la anciana. "Si su maquinaria se apaga, la tierra se tragará el mar".

Esta situada entre el término municipal de Chipiona donde se encuentra la Playa de las Tres Piedras y la siguiente playa de Rota Playa de Aguadulce.

Es una playa ideal para veranear, visitar en familia y pasear o hacer deporte en contacto con la naturaleza.


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