Playa de Almayate en Vélez-Málaga

La playa Almayate en Vélez-Málaga, desde la provincia de Málaga, Costa del Sol, Andalucía, España.


Playa de piedras pequeñas con gente y las azules aguas del mar.
Playa de Almayate

Es una playa semiurbana sin paseo marítimo. Tiene 3000 metros de longitud con unos 30 de ancho medio y un grado de ocupación bajo.

Dispone de muchas instalaciones y servicios de playa como: Aseos, duchas, pasarelas de acceso, vigilancia, sombrillas y hamacas, vigilancia y socorrismo, parque infantil o chiringuito.

Su arena es fina y oscura agradable al tacto y sus aguas son limpias y cristalinas de buena calidad con oleaje moderado por lo que es apta para el baño recreativo.

Aunque no llega a ser playa virgen se encuentra en una zona aislada y poco urbanizada por lo que es una playa muy tranquila ideal para el turismo de descanso y relax en contacto con la naturaleza.

Durante siglos, los habitantes de Almayate han mirado hacia su horizonte marino sabiendo que esas aguas guardan un silencio distinto al del resto de la Costa del Sol. No es un silencio vacío, sino el de un guardián que espera.

La historia comienza en la primavera de 1704. Mateo era un joven agricultor de la zona, encargado de cuidar las tierras que descendían desde la falda de la Peña hasta la arena negra de la playa. Una noche de tormenta inusual, un rayo agrietó la vieja estructura de la Torre de la Chorrera, la antigua torre vigía que se alza cerca de la costa.

Al día siguiente, mientras Mateo inspeccionaba los daños, descubrió que el rayo no solo había roto la piedra, sino que había dejado al descubierto un hueco oculto en el doble fondo del muro de la torre. Dentro no había oro ni joyas. Había una caracola de un blanco impoluto, del tamaño de una hogaza de pan, y un diario forrado en cuero de cabra.

El diario pertenecía a un antiguo torrero del siglo XVI llamado al-Yate (de quien, según esta crónica perdida, derivaría el nombre del lugar). En sus páginas se revelaba una verdad asombrosa: la Peña de Almayate no era una simple formación rocosa. Era un gigantesco sintonizador natural.

Al-Yate explicaba en sus escritos que la arena de Almayate es rica en magnetita y minerales oscuros por una razón: actúa como un manto absorbente de las mareas energéticas del Mediterráneo. Según el diario, cada cien años, las corrientes submarinas del Mar de Alborán convergen de tal manera que crean una resonancia acústica bajo el agua. Si alguien soplaba la caracola sagrada desde lo alto de la torre en la noche exacta del solsticio de verano, la Peña respondería.

Mateo, intrigado y desafiando el miedo, esperó a la noche del 21 de junio. La playa estaba completamente desierta, iluminada solo por la luna y el parpadeo lejano de las hogueras de San Juan en los pueblos vecinos.

Subió a la torre, colocó la caracola en sus labios y sopló con todas sus fuerzas.

Lo que ocurrió a continuación no fue un sonido estruendoso, sino un susurro profundo que hizo vibrar la planta de sus pies. Desde el mar, una neblina luminosa comenzó a avanzar hacia la orilla. Al tocar la arena negra, la niebla se dividió en miles de pequeños hilos de luz dorada que corrieron playa arriba, trepando por los acantilados hasta clavarse en el corazón de la Peña de Almayate.

Por unos instantes, el tiempo se detuvo. Mateo pudo ver, reflejado en la pared de la roca iluminada, el mapa de un río subterráneo de agua dulce y pura que corría justo por debajo de las tierras secas de la Axarquía, un acuífero secreto capaz de dar vida eterna a los cultivos de la región, incluso en los años de la mayor sequía.

La playa Almayate está situada entre la Playa de Valle Niza y Playa Torre del Mar.


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