Fue construido en 1526 por el Rey de España y Emperador de Alemania Carlos V, después de su visita a la Alhambra de Granada tras su boda con Isabel de Portugal celebrada en Sevilla. Como símbolo del triunfo de la cristiandad sobre el islam y una residencia acorde con un emperador.
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| Palacio de Carlos V |
De estilo romano, su planta cuadrada contiene un gran patio interior circular, rodeado de una galería de dos plantas que va dando paso a las distintas estancias, salas y capillas que contienen al museo de bellas artes de Granada y el museo de la Alhambra.
Debido a rebeliones moriscas y abandonos sucesivos de las obras, El Palacio de Carlos V no se termino hasta 1958, con el pretexto de usar el espacio como museo.
Dicen las crónicas que cuando Carlos V vio la Alhambra, quedó tan fascinado que quiso vivir para siempre entre sus muros, pero con un toque de orgullo imperial. Mandó construir un palacio renacentista que, visto desde fuera, parece un robusto cofre cuadrado, pero que esconde un secreto en su interior: un patio perfectamente circular, único en el mundo.
Esta arquitectura no fue capricho, sino un símbolo: el cuadrado representa la tierra y el círculo el cielo, posicionando al Emperador como el nexo entre ambos mundos. Sin embargo, hay un detalle que siempre hace sonreír a los guías: el palacio nunca tuvo tejado durante siglos y el Rey jamás llegó a dormir en él. Se dice que los espíritus de los palacios nazaríes vecinos, celosos de su elegancia, conspiraron para que la obra quedara inacabada. Hoy, su acústica es tan perfecta que, si te sitúas en el centro exacto del patio y susurras, el eco parece devolverte la voz de la historia misma.

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